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Introducción

¿Por qué del curso? ¿A raíz de que se inicia este curso? Del por qué la DSI (Doctrina Social de la Iglesia) en nuestros días.
 
Queridos Amigos y Hermanos en cristo Jesús, Para nosotros en motivo de gran alegría presentar a ustedes este primer curso en línea coordinado por la ICCFM que nombramos "Curso Introductorio de la Doctrina Social de la Iglesia". Como ya se ha mencionado anteriormente este curso nace para dar respuesta a las resoluciones de la más reciente Asamblea General en Bucaramanga Colombia y como resultado de las diversas visitas pastorales que hemos realizado a algunos de sus países.
 
Para todos nosotros (los cristianos consientes y comprometidos con nuestra Iglesia) debe ser más que evidente la disparidad que existe en nuestros lugares de origen debido a las diferencias sociales y económicas que existen causadas por la indiferencia de nuestros gobernantes e injusticias sociales por los menos favorecidos.
 
Estas diferencias como tales no son de ningún modo agradables ante los ojos de Dios nuestro Señor y basta con partir de la siguiente cita bíblica "Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? 1Jn 3:17"
 
Así pues habiendo leído esto, como podríamos entonces nosotros permanecer en el amor de Dios o decirnos nosotros comprometidos con nuestra Iglesia y predicadores del evangelio si Ignoramos a nuestro hermano que padece en necesidad cerrando nuestro corazón a su clamor por nuestra caridad.
 
En el libro del Deuteronomio 15:7 también la palabra nos dice "Si hay algún pobre entre tus hermanos, en alguna de las ciudades del país que el Señor, tu Dios, te da, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano" y para mi queda claro que no únicamente se refiere a compartir o ayudar económicamente a nuestros hermanos caídos en desgracia, también nos invita a que ayudemos a enriquecer a aquellos pobres en la fe de espíritu, que crezcan y sientan el amor de Dios en nosotros que les rodeamos para que puedan así ver el rostro de Jesús Cristo reflejado en nosotros y que no solo ven al indiferencia y cerrazón a sus problemas que tanto daño hacen a todos nosotros como comunidad y a la sociedad en sí.
 
Por qué la Doctrina Social de la Iglesia Refiere en propiamente y en gran medida al cómo y del por qué aplicar el Evangelio en nuestra comunidad para solventar aquellas injusticias sociales y pobrezas que existen a nuestro alrededor. Así pues aplicándola debidamente podremos “Permanecer en el amor de Dios” sin "Endurecer nuestro corazón ni cerrando nuestra mano" y así agradar a Dios nuestro padre cumpliendo con su palabra ayudando y evangelizando con nuestro ejemplo y en la acción así todos juntos podremos alcanzar la salvación en comunidad. 
 
Como ya hemos explicado en la introducción de este tema el curso de la DSI (Doctrina Social de la Iglesia) lo hemos basado en el documento publicado por el Pontificio consejo justicia y paz llamado Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y lo analizaremos parte por parte ya que consideramos que cada uno de los puntos en el mismo documento nos ayudaran a comprender mejor y desarrollarnos más en nuestra misión evangelizadora en nuestras comunidades desde nuestros ministerios de Iglesia o como laicos comprometidos con el bien común.
 
Cada tema lo analizaremos desde la metodología VER, JUZGAR Y ACTUAR para mejor llevar el curso a fines prácticos e iniciamos este primer tema pidiendo que la Santísima Trinidad nos Ilumine y el Espíritu Santo nos fortalezca en nuestro camino de preparación para ejercer mejor nuestra labor evangelizadora para enaltecer su Santo Nombre en la tierra.
 
TEMA 1 EL DESIGNIO DE AMOR DE DIOS PARA LA HUMANIDAD
VER
 
EL HUMANISMO EN NUESTROS DIAS
 
Hoy en día estamos ya entrados en el tercer milenio el cual al inicio del mismo, nuestra Iglesia lo celebro durante el Gran Jubileo del año 2000 y donde recordamos que el único Camino a la verdad y la vida es el mismo Jesús camino único y fin de la historia.
 
Durante el Jubileo la Iglesia nos recordó de donde somos, a donde vamos y para que nos preparamos. Recordándonos que Jesús vino a traernos la salvación y que esta salvación no solamente la podemos lograr en nuestra vida de oración o en los ministerios que desarrollamos dentro de nuestra iglesia, sino que Él mismo nos da la opción de buscarla en nuestro día a día en los ámbitos que nos desenvolvemos como la economía, nuestro trabajo, en la política, en nuestra sociedad, en las relaciones interpersonales y así como en las relaciones con otros pueblos, abarcando una muy extensa gama de caminos y horizontes para alcanzar nuestra propia salvación.
 
Y es precisamente en el ámbito social donde en este curso nos enfocaremos para desarrollarlo como ministerio de salvación, afinando nuestros oídos para escuchar el clamor de los pobres y caídos en desgracia y que puedan encontrar en nosotros o en nuestros ministerios y comunidades, hermanos que los ayuden a salir de sus situaciones de desolación y desesperanza.
 
Hoy como cristianos comprometidos, debemos de aprender a interpretar los signos de nuestros tiempos, y podríamos comenzar con uno de ellos, aquel donde la humanidad busca falsos ídolos escudándose en doctrinas que no tienen a Dios como fin último y mucho menos el bien común sino que responden a acciones egoístas buscando solo el bien personal tales como el secularismo, hedonismo y epicureísmo.
 
En estas doctrinas el individuo se deja arrastrar por sus propias pasiones, y son ellos en los que nos podemos enfocar llevándoles la Buena Nueva no solamente atreves de la enseñanza del Evangelio de manera literal y convencional, sino buscando alternativas que sean más atractivas creando una empatía con ellos, por ejemplo tomando como bandera la igualdad entre las personas siendo este valor de la igualdad considerado como universal entre ideologías seculares y religiosas pudiendo entonces ser testimonio para ellos en la acción evangelizadora que transforma las almas, basta para esto ser congruentes con el evangelio y con aquello que predicamos. Y la palabra nos die en Timoteo Que nadie menosprecie tu juventud: por el contrario, trata de ser un modelo para los que creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida. (1 Tm 4:12)
 
Cabe aclarar, que esto no significa de ninguna manera que abandonemos por completo el enfoque hacia otras personas o grupos sociales, sino por el contrario. Esto que hemos dicho anteriormente es solo una manera de ejemplificar el cómo podríamos reconocer otros campos de acción para la nueva evangelización y transformación de nuestras comunidades.
 
De hecho cuando la Iglesia cumple su misión en plenitud de anunciar el evangelio, encuentra a hombres y mujeres insertos en la comunidad conscientes de su vocación a la comunión de las personas cayendo por su propia cuenta en la necesidad e importancia de la justicia y paz, comprendiendo a la perfección que todos somos hombres en Cristo herederos del Reino de Dios y responsables de la construcción de su reino bajo los designios de nuestro creador.
 
Así pues sabiéndose conocedores de lo infinito del amor de Dios, los cristianos podremos salir a predicarlo en nuestras propias vidas con el testimonio y buscando siempre en cada una de nuestras acciones trascender en el Reino para así pues alcanzar en el nombre de la infinita caridad de Dios todos y cada uno de los ambientes en los que nos desarrollamos ya que este es capaz de transformar todas las realidades de manera radical a través de cada uno de nosotros por intercesión del Espíritu Santo.
 
Esta perspectiva nos permitirá pues identificar las oportunidades de crecimiento, nuestras fortalezas y necesidades colectivas para así poder discernir el rumbo que debemos de tomar al momento de querer trabajar en pro de la justicia social.
 
En el bautizo nosotros estamos llamados a ser Sacerdotes, Profetas y Reyes siendo en nuestro llamado profético donde entra la responsabilidad grandísima que tenemos de alzar nuestra voz de manera ordenada y pacífica siempre dentro de los lineamientos de nuestra doctrina, para denunciar las coerciones e injusticias en las que nuestros hermanos son sometidos en el día a día en diversas situaciones de las cuales estamos rodeados y muchas veces no queremos inmiscuirnos.
 
Es momento en este tercer milenio que como Iglesia dejemos de ser pasivos ante estas situaciones y ayudemos a nuestros hermanos, siendo solidarios asumiendo entonces con responsabilidad y confianza en el Señor nuestra propia responsabilidad a nuestro llamado Evangélico de justicia, ayudando desde nuestras familias o ministerios a cambiar la perspectiva de la justicia social como deber de todos nosotros los bautizados.
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